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Pimienta blanca molida - 40 g

Pimienta blanca molida - 40 g

El Amasadero Valoraciones con ekomi.es
Código de producto: 944
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Antes de volvernos tarumbas a la hora de elegir qué tipo de pimienta va mejor con cada plato, una consideración: blanca, negra y verde proceden de la misma baya de la misma planta, cultivada principalmente en Vietnam, Indonesia e India y extendida a la gastronomía around the world. Así que calma, no hay desastre posible, salvo si nos pasamos con las cantidades.

Lo que diferencia la pimienta blanca de sus hermanas es el momento de recolección, esta cuando ya ha madurado, y el tratamiento que se le aplica para retirar la corteza exterior, más oscura, antes de moler el grano: un largo baño en agua que ablanda la piel y se lleva también parte de su potencia picante.

¡Hagan juego!

Sentado lo anterior, existe un código de colores que, sin ser allá muy científico, puede ayudar a la hora de decidirnos por una u otra. En el caso de la blanca, solo tendremos que seleccionar alimentos que hagan juego, cromáticamente hablando. Tomemos como ejemplo la bechamel, de la que es gran aliada junto con la nuez moscada. ¿Puré de patata? Bien. ¿Mayonesa? Bien. ¿Salsa de yogurt? Bien, bien, bien.

La misma norma funcionará mágicamente en otras preparaciones. De esta manera, hará buenas migas con pescado –ese punto que le da al bonito en rollo, mmmm–, con pollo, con coliflor o con recetas que lleven queso, especialmente si va fundido.

La máxima opera también en esa salsa a la pimienta a base de cebolla, nata y coñac o whisky y la susodicha, que compite con la de roquefort para vestir (y a veces ahogar) un “cachocarne”. Pongamos un entrecot: clásico entre los clásicos viejunos.

Para empachos de otro tipo, un toque de pimienta blanca es el secreto de las galletas danesas de Navidad, con mantequilla, jengibre y canela, de las pfäffernüss suízas –bolitas de galleta con glaseado de limón, crujientes por fuera y tiernas por dentro– y de la versión más atrevida de la crema catalana. ¡A picar!