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Azafrán en hebras - 1 g

Azafrán en hebras - 1 g

El Amasadero Valoraciones con ekomi.es
Código de producto: 911
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A la lista de pecados veniales habría que añadir el que comete quien confunde el azafrán con colorante alimentario. ¡Sacrilegio! Y más en el reino de España. Aquí se cultiva esta delicada especia de color incandescente, aroma penetrante y fama de carísima; inmerecida, diríamos, si se tienen en cuenta sus propiedades y la mínima cantidad que se necesita para  un plato fulgurante: basta un gramo para aromatizar arroz para unas 40 personas.

Arroz, suponemos, es lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en el destino de este condimento, procedente de los estigmas secos del pistilo de una planta, la Crocus sativus, de flor violácea. No por nada forma parte del santísimo decálogo de imprescindibles de la paella valenciana. Pero no nos quedemos ahí, porque en un arroz marinero o en un risotto, acompañando el parmesano, el ingrediente hace que la receta resplandezca, y no solo por su color.

Otro alimento al que el azafrán hace elevar el linaje es la patata: simplemente estofada y dorada gracias a su capacidad colorante, pero también en versiones algo más historiadas como la de las patatas a la importancia –rebozadas, fritas y guisadas en vino blanco, cebolla y perejil– o en unas bravas, a las que podremos denominar, con argumentos, deluxe.

Azafrappuccino

Para sacar todo el rendimiento al azafrán, un buen sistema es infusionarlo, entero o molido, en agua o en alguna materia grasa, como mantequilla o aceite. Aunque no es obligatorio, conviene tostarlo ligeramente antes, aunque con cautela. Unos pocos segundos al microondas o, incluso, aprovechando el calor de la tapa de una olla al fuego un breve tiempo será suficiente para que desprenda su mejor aroma.

El resultado de esta operación hace su magia tan solo agregando una pizca al agua de cocción de una coliflor y pone en la estratosfera culinaria cualquier postre en el que se combine con ralladura de naranja o con algún lácteo suave, como en una tarta de queso, y lo mismo aplicado a la bollería.

Para entrar en el olimpo de lo cool –o en el infierno de lo pretencioso, según se mire– dicen que es necesario haber pedido en alguna cafetería del Upper East Side un cappuccino con toque de saffron.

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