Pan con higos

por Andrés

Justo ayer me encontré a Carlos, que siempre aparece en el momento oportuno. Yo venía de dejar a mi mujer y a mi hijo y él estaba metiendo dos latas de pintura en su cochazo (está hecho un burgués…).

Abreviando, hace algunas semanas que envié un mail a amigos y conocidos presentando la web en sociedad, de modo que la conversación fue más o menos así (muy resumida):

- Carlos: “Macho, tenía una llamada pendiente” (risas, bla bla bla, bla bla bla,…).
- Carlos: “En el momento en el que vi la página pensé, ¡pero quién cojones va a comprar un molde para hacer pan! Pero tío… poco a poco, mientras la visitaba, leía el blog, y miraba algunas cositas… me entraron ganas de hacer pan, me gustó…”

“¿Me entraron ganas de hacer pan?”… Pues claro que sí. Déjate de leches.

A ver, que no digo yo que sigamos yendo a por agua con un cántaro, pero que quedan cosas en la vida que son un lujazo y no vamos a aprender a disfrutarlas nunca. Por ejemplo mi desayuno de hoy: pan con higos (como Rosendo pero sin dar tiros). ¿Qué se necesita para disfrutar de este excelente manjar?:

- Vivir cerca de una higuera verdeja.
- Esperar pacientemente a que madure el higo.
- Madrugar más que los mirlos y los gorriones.
- Y un buen trozo de “pan de ayer”.

Fácil eh.

El desayuno de nuestros abuelos. Desayuno de campeones.

El desayuno de nuestros abuelos. Desayuno de campeones.

A todos los Carlos del mundo, pensad en una tarde de otoño, a poder ser un domingo, ponemos a precalentar el horno y nos liamos a trabajar un kilito de masa, a las pocas horas pan recién hecho en casa. ¿Es o no es esto un lujo?

Carla te estará eternamente agradecida, como lo estoy yo de tenerte por ahí cuando se te necesita. Mira, nos dedican una canción.

El viernes nos vemos.